Discusión sobre este post

Avatar de User
Avatar de Manuel Venator

Parece ser que en griego antiguo se utilizaba el término epiestía (“en torno al hogar” o “en torno a la hoguera”) como uno de los nombres para referirse a la familia (además de otros como oikos y genos). En La ciudad antigua, Fustel de Coulanges afirma que en cada hogar heleno había siempre un fuego encendido que era cuidado por el jefe de la casa. La extinción del fuego era sinónimo de la extinción del hogar y, por tanto, de la familia. La veneración del fuego era, por tanto, correlativa a la veneración del hogar. El culto al fuego sagrado tenía como primera invocación el hogar, así en Gracia como en Roma (adoración a Hestia/Vesta: personificación del hogar y del fuego sagrado).

Según cuenta una anécdota transmitida por Aristóteles, Heráclito, que se estaba calentando junto a un horno, invitó a unos extraños que querían conocerlo a que pasarán junto a él, “pues también aquí hacen acto de presencia los dioses”. Esta anécdota fue retomada por Heidegger en la Carta sobre el humanismo para referirse al pensar sobre lo cotidiano. Además del hogar procurado por la hoguera, encontramos también el hogar propiciado por el calor de la palabra que se transmite.

La degradación de los ritos se constata de forma evidente en la degradación del rito de paso por excelencia, el rito fúnebre. No recuerdo dónde leía a Jünger mostrar una veneración absoluta por el rito funerario de la inhumación. Fustel de Coulanges afirmaba también que griegos y romanos (ramas de la raza indoeuropea), ajenos a los ritos funerarios orientales (que suponían una separación radical alma/cuerpo), creían firmemente que los muertos reposaban bajo la tierra, manteniéndose la unión entre el alma y el cuerpo. Estas creencias iban acompañadas de un ceremonial que implicaba la inhumación, forma prototípica de procurar descanso eterno a los muertos de muchos de los pueblos europeos. El incumplimiento del rito provocaba que el alma vagara errante atormentando a los vivos hasta que se le diera debida sepultura. Cualquier intento de instauración de elementos sagrados o cultuales pasan por revitalizar, entre otros muchos, los ritos fúnebres.

En cuanto al “cocinero que recuerde cómo hacer tan improbable guiso”, tiene Eugenio Frutos un escrito muy breve llamado La interpretación existencial del Estado en Heidegger. Ahí, tomando unas palabras de Waehlens, se dice que “el forjador de Estados pone frente a frente las fuerza ciegas y brutas de la evolución de los pueblos, con una forma inteligible, que intenta imponerles. De este conflicto nace un estado y una verdad política, obra por la cual y en la cual se manifiestan y revelan como un relámpago -y por el tiempo del relámpago- las fuerzas oscuras e indómitas de un pueblo o de una raza”. Se dice también que “Los hombres no son existentes del mismo tipo que cada hombre individualmente considerado, ni tampoco suma de hombres individuales, sino agrupaciones determinadas por su modo natural de convivencia, que antes de estructurarse en cualquier forma de Estado, por primitiva que esta sea, no se manifestaría sino como inclinaciones, impulsos a convivir, a desarrollarse la natural solicitud, esto es, fuerzas oscuras de la sangre, fondo del Estado”. El forjador de Estados que está por venir (sea un caudillo, un dictador, un príncipe…) y las élites que le acompañen deben concentrar en sí, transmutándolas, esas fuerzas oscuras e indómitas, forjando ritos allí dónde hoy sólo hay cáscaras vacías.

Avatar de Gálvez Caballero

El edificio más bonito es mi casa cada vez que hay felicidad dentro.

3 comentarios más...

Sin posts

Por supuesto, sigue adelante.